En estos días he estado leyendo sobre las distintas informaciones relacionadas con irregularidades en la gestión de ONG. El tema es espinoso y merecía una lectura detenida.
Era de prever que la detención del presidente de ANESVAD pusiera el foco y la duda sobre el funcionamiento en estas organizaciones. Pero lo peor es que esta atención viene acompañada de una desconfianza generalizada hacia todas las ONG.
Para quienes trabajamos en el sector resulta dolorosa esa repentina susceptibilidad: parece que la opinión pública afloja su apoyo, que en los medios de comunicación se ha abierto la veda y que los partidos políticos aprovechan para meter baza en plena campaña electoral. Información y contrainformación, comunicados y desmentidos...
Resulta evidente que la Solidaridad, como discurso, también sirve para hacer caja: genera muy buena imagen, goza de masivo consenso y exige escasa rendición de cuentas por parte de la sociedad en general. Quizás por eso es un elemento goloso en las agendas políticas. Quizás por eso es un buen hueco para que personas de nula calidad ética busquen refugio, reputación o sobresueldo .
No olvidemos que más allá de su misión y su visión las ONG son personas. Desde ese punto de vista, las ONG son mejorables en su gestión, pero imprescindibles en su labor.
También es previsible que existan más casos que los que ahora afloran, aunque parece existir una especie de código de silencio para no destaparlos, por el perjuicio que provocaría para las propias organizaciones o para el sector.
La clave de la supervivencia de estas organizaciones está en el apoyo de la ciudadanía, es a ellos a quienes corresponde exigir transparencia y rendición de cuentas. Pero controlarlo y juzgarlo, además de sus mecanimos propios de gobierno (patronatos, comisiones de seguimiento, etc.) es labor de auditores y, para los casos más graves, de jueces.
FUNETE : LA OTRA AGENDA